Ambigüedades semánticas

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Tocar la guitarra es una de las aspiraciones musicales de Carolina. Otra es la flauta que, para tortura nuestra, ensaya más.
Da clase en el colegio, a través de las extraescolares, y allí va tan contenta, como Mateo. El viernes, cuando fui a recogerla, su profesor de educación física le dijo:

– Cómo me alegra, de verdad, que toques un instrumento. No lo dejes nunca. Es importantísima la música, que te motive. Nunca, nunca lo dejes.

Carolina se quedó muy seria, meditando, pensé yo. Al rato, me miró y me dijo:

– Mamá, ¿por qué me ha dicho eso?
– Porque le gusta mucho la música y la valora.
– Pero, ¿ni a mis amigos?
– ¿?
– ¿Ni un rato, si lo cuidan?
– Pero, ¿a qué te refieres?
– A la guitarra, claro. ¿Por qué no puedo dejársela a nadie?
– No te entiendo.
– Me ha dicho que no lo deje…
– ¡Que no abandones, no que no lo prestes!

Y así es como, poco a poco, uno va aprendiendo sobre ambigüedades y dobles sentidos.

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