El príncipe Baltasar Carlos

Baltasar CarlosSiento debilidad por el Siglo de Oro. Especialmente por el siglo XVII, el siglo de Cervantes, de Quevedo, de Lope, de Velázquez, de Zurbarán… Los estudios de primaria no han atendido demasiado a la Historia de España, lo que contrasta fuertemente con la multitud de actividades culturales que se ofertan para niños en los museos, fundaciones e instituciones semejantes. Desde que Carol era pequeña, le contaba, como quien cuenta un cuento, historias de reyes y de príncipes, de princesas que se vuelven locas de amor por un príncipe hermosísimo, reyes y reinas que vivían en palacios de Madrid poco conocidos por los mismos madrileños. Y, cuando vamos al Museo del Prado, nos ponemos en el suelo para admirar, tal como lo hacían sus contemporáneos, el soberbio retrato del príncipe Baltasar Carlos, aquel que nunca llegó a reinar y que era la gran esperanza de la monarquía española. Se murió muy pronto, poco tiempo después de que lo hiciera su madre, la reina Isabel. Así que su padre, el rey Felipe IV, se casó con la que iba a ser la mujer de Baltasar, Mariana de Austria. Ellos fueron los padres del futuro Carlos II. Y con Carlos II desaparece la dinastía de los Austrias en España y llegan los borbones. Bueno, poco a poco. Hoy nos detendremos un poco en ‘mi’ príncipe, rubio, de ojos vivos y atentos. Velázquez lo retrató muchas veces. Mi favorito es el que encabeza esta entrada, pero os animo a que lo busquéis por el Museo del Prado.

Un buen día, rebuscando en la Casa del Libro, como siempre, me encontré con una sorpresa: un libro que daba vida al príncipe. Además, era un libro para niños… a partir de ocho años. Carol entonces tendría unos cuatro o cinco y estaba aprendiendo a leer con soltura. El libro se llamaba El príncipe perdido y fantasea con la presencia de un niño en palacio, un niño que se escapa porque quiere jugar con otros…

El príncipe Baltasar Carlos fue un príncipe de verdad, hijo de un rey de verdad que se llamaba Felipe IV. Tenía un precioso caballito 189N_Chatarra_imperialcon el que jugaba sin salir de los jardines de Palacio. Pero una tarde descubrió que una de las puertas estaba abierta, y… su caballito y él la cruzaron. No querían escapar, solo asomarse un momentito, dar dos o tres paseos fuera, mirar a los niños que jugaban en el río y luego regresar. ¡Pero los niños se divertían tanto y él tenía tantas ganas de jugar…! ¿Qué sucedió? Pues que el Príncipe se olvidó de que era príncipe, jugó toda la tarde, y después… Después se perdió. [+ info]

Fue una de nuestras primeras lecturas compartidas. Yo se lo leía por las noches, poco a poco. Le encantaba y podía ver en él al príncipe y al niño. Hoy, que andamos recuperando documentos y asuntos de palacios, nos hemos encontrado de nuevo con él. Hemos recordado aquellas lecturas. Dice Carol que le encantaba, pero que no se acuerda mucho, aunque lo que le suena mucho, mucho, son los dibujos del libro. Y lo va a leer de nuevo, ahora ella sola. Qué rápido pasa el tiempo. Pobre Baltasar…

El Príncipe Baltasar Carlos.Wallace Collection (Londres)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s