Carlos III, el rey arqueólogo

Entre las exposiciones y actos culturales relacionados con la celebración del tercer centenario del nacimiento del rey Carlos III, nos gustaría destacar la que hemos visitado el viernes pasado, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: Carlos III y la difusión de la Antigüedad.

79443a964e66c97effe0d6bce9775843Carlos III y la difusión de la Antigüedad tiene como objetivo principal resaltar el papel del monarca en la difusión de los descubrimientos arqueológicos que tuvieron lugar en Herculano. Otros hallazgos se realizaron en Pompeya y Estabia durante los años en que ocupó el trono de las Dos Sicilias. Se explicará el impulso que el rey dio al conocimiento de las antigüedades a través de las Academias de Madrid y de Nueva España.

El principal conjunto de antigüedades descubiertas hasta el momento de la partida de Carlos III para España en 1759 procede de la Villa de los Papiros de Herculano, aunque otras antigüedades son de Pompeya y de las villas de la antigua Estabia. Todo ello sirvió en un primer momento para adorno del Palacio de Portici y para la formación del Museo Herculanense en el mismo palacio. 

Pues bien, eso es lo que nos encontramos en la exposición: el conjunto de reproducciones que el rey Carlos pidió en Herculano, junto con los informes oportunos, de todo lo que se estaba descubriendo en aquella villa romana. Reproducciones del siglo XVIII que lo son de piezas romanas… donadas por el rey Carlos III a la RABASF para que los estudiantes del arte, en el siglo XVIII, pudieran estudiar las piezas ‘romanas’ y cuyos originales vemos aquí gracias a la tecnología 3D y al laboratorio de Humanidades Digitales que la Real Academia puso en marcha hace un tiempo. Asistimos, de manera simultánea, a la exposición de Nápoles y de México. Un alarde de la tecnología al servicio del estudio de la historia del Arte. Al final de la exposición, podemos visitar, en realidad virtual, los escenarios originales: el Vesubio en erupción, los bustos en las excavaciones, que podremos alumbrar con antorchas virtuales, sentiremos vértigo al ver el océano a nuestros pies… Quiero imaginar que una emoción parecida sintieron los primeros espectadores del cinematógrafo. Qué maravilla sorprendernos y emocionarnos con la tecnología como debieron experimentar aquellos espectadores que sintieron que un tren en la pantalla podría arrollarlos.

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